viernes, 11 de febrero de 2011

Canción de otoño en primavera de Pablo Neruda

CANCIÓN DE OTOÑO EN PRIMAVERA


Juventud, divino tesoro, 

¡ya te vas para no volver! 

Cuando quiero llorar, no lloro... 

y a veces lloro sin querer... 




Plural ha sido la celeste 

historia de mi corazón. 

Era una dulce niña, en este 

mundo de duelo y de aflicción. 




Miraba como el alba pura; 

sonreía como una flor. 

Era su cabellera obscura 

hecha de noche y de dolor. 




Yo era tímido como un niño. 

Ella, naturalmente, fue, 

para mi amor hecho de armiño, 

Herodías y Salomé... 




Juventud, divino tesoro, 

¡ya te vas para no volver! 

Cuando quiero llorar, no lloro... 

y a veces lloro sin querer... 




Y más consoladora y más 

halagadora y expresiva, 

la otra fue más sensitiva 

cual no pensé encontrar jamás. 




Pues a su continua ternura 

una pasión violenta unía. 

En un peplo de gasa pura 

una bacante se envolvía... 




En sus brazos tomó mi ensueño 

y lo arrulló como a un bebé... 

Y te mató, triste y pequeño, 

falto de luz, falto de fe... 




Juventud, divino tesoro, 

¡te fuiste para no volver! 

Cuando quiero llorar, no lloro... 

y a veces lloro sin querer... 




Otra juzgó que era mi boca 

el estuche de su pasión; 

y que me roería, loca, 

con sus dientes el corazón. 




Poniendo en un amor de exceso 

la mira de su voluntad, 

mientras eran abrazo y beso 

síntesis de la eternidad; 




y de nuestra carne ligera 

imaginar siempre un Edén, 

sin pensar que la Primavera 

y la carne acaban también... 




Juventud, divino tesoro, 

¡ya te vas para no volver! 

Cuando quiero llorar, no lloro... 

y a veces lloro sin querer. 




¡Y las demás! En tantos climas, 

en tantas tierras siempre son, 

si no pretextos de mis rimas 

fantasmas de mi corazón. 




En vano busqué a la princesa 

que estaba triste de esperar. 

La vida es dura. Amarga y pesa. 

¡Ya no hay princesa que cantar! 




Mas a pesar del tiempo terco, 

mi sed de amor no tiene fin; 

con el cabello gris, me acerco 

a los rosales del jardín... 




Juventud, divino tesoro, 

¡ya te vas para no volver! 

Cuando quiero llorar, no lloro... 

y a veces lloro sin querer... 

¡Mas es mía el Alba de oro!


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